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Trató de engañar a su ex esposo con un bebé de madera

Nibaldo, de 44 años, descubrió que una enamorada con la que convivió entre noviembre de 2008 y junio de 2009 le montó una farsa para mantenerlo a su lado.

La historia de la “barriga de trapo”, que estremeció a Colombia en 1996, se repitió en Barranquilla este miércoles, pero con un viejo trozo de madera pintado de blanco, informó este viernes El Tiempo de Colombia.

A pesar de la ruptura, la pareja tenía ocasionales encuentros sexuales, y hace cinco meses la mujer, de 36 años, le anunció que estaba embarazada.

Aunque ya tenía tres hijos de una antigua relación, Nibaldo se entusiasmó con la noticia, mucho más cuando de boca de su enamorada se enteró de que la criatura era una niña.

Desde ese momento no dejó de mostrarse interesado por la hija que crecía en el vientre de su ex compañera. La emoción por convertirse nuevamente en padre aumentaba a medida que la futura mamá le mostraba las ecografías de los dos primeros meses.

Todo pareció normal hasta el 19 de julio pasado cuando la mujer le informó que acababa de parir.

Según el testimonio que Nibaldo entregó a la prensa, a partir del supuesto nacimiento en el Hospital Metropolitano de Barranquilla, comenzaron las incoherencias y situaciones extrañas que no tardaron en despertarle sospechas.

Lo primero fue que nunca pudo ver a la bebé porque, afirma Nibaldo, “me aseguraron que había nacido enferma y se encontraba en cuidados intensivos”.

Las veces que el padre se acercó al hospital para conocer a su hija, siempre fue abordado en la entrada por su ex compañera para impedirle ingresar.

La situación llegó a un punto de no retorno este miércoles, cuando la mujer le informó que la niña había muerto.

Lo que siguió es una típica historia de Macondo. La mujer, que tiene dos hijos de otra relación, le dijo a Nibaldo que ella había reclamado el cadáver y que el entierro estaba programado para ese mismo día, en horas de la tarde, en el cementerio nuevo de Soledad.

Él acudió puntual y vio cómo su ex mujer se bajaba de una moto con un pequeño cajón de madera en las manos. Ella le advirtió que no intentara abrirlo.

Sin embargo, desconfiado, Nibaldo entró con el sepulturero hasta el fondo del cementerio y antes de que enterraran para siempre el “cuerpecito”, se decidió a abrir el féretro.

Cuál sería su sorpresa al descubrir que en el cajón no reposaba el cuerpo de su niña, sino un palo envuelto en una sábana.

El sorpresivo hallazgo estuvo a punto de generar un problema de orden público en la puerta del cementerio, de no ser por la llegada de la Policía.

A un investigador de la Sijín, la mujer no tardó en confesarle todo: actuó por amor pues no quería que ese hombre se fuera de su lado.

Fuente: Panorama

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